miércoles, 25 de junio de 2014

Aquel beso

Era un día soleado, llevabas la camiseta de tu equipo, unos pantalones cortos y tus deportivas Nike, tu pelo como siempre, con esos dos remolinos atrás que me encantaban. Yo llevaba mi camiseta favorita, unos vaqueros y mis Vans, bueno y mi pelo… como siempre, algo alborotado.
El día anterior me había hecho una lesión en la rodilla jugando al voley, fuiste el primero en enterarte. Te mostraste muy atento mandándome mensajes mientras estaba en urgencias. De pronto escribiste “Te quiero mucho mi amor, cuídate“, no me lo creí, pues me habían gastado una broma parecida antes. Resultó ser tu amigo, no le di importancia, luego continuaste tú, hablando como siempre, como los buenos amigos que éramos.
Legué a mi casa con venda y muletas, había sido una lesión un poco grave, pero se solucionaría sin operación. Antes de acostarme me conecté por última vez, había un mensaje tuyo “Que duermas bien ;)”, no era muy romántico pero me gustó.
Al despertar había otro mensaje “Buenos días angelito, espero verte hoy”, era algo extraño, nunca habías hecho eso. Me vestí y fui al colegio con mis accesorios de lesionada, estabas esperándome, dejaste que mis amigas e abalanzaran sobre mí a preguntar, ayudar y abrazarme (las típicas cosas que suelen hacer cuando pasa algo). Cuando se alejaron para dejarme respirar te acercaste tú, acto seguido le quitaste mis cosas a una de mis amigas y preferiste cogerlas tú como todo un caballero. Nunca te habías comportado así.
Llegamos a clase dejaste mis cosas junto a las tuyas y me ofreciste un asiento al lado tuyo, pasaba algo, y no sabía bien que era, ¿era cosa de amigos o algo más?, de todas formas preferí no pensar en ello.
Salimos al recreo, también estuviste conmigo, yo hablaba con mis amigos, uno de ellos era el que supuestamente dijo aquello, él dijo que habías sido tú, que él no estuvo contigo, sonreíste y lo negaste, tus mejillas enrojecieron un poco, pero supiste disimular. Lo que estaba pasando ya era demasiado extraño. Sonó el timbre, tenía que subir en ascensor y, o casualidad, mis amigas se pusieron de acuerdo para no acompañarme ninguna, así que te subiste tú. Se cerraron las puertas y, todo pasó tan rápido…
Me cogiste de la cintura con una mano, con la otra apartaste mi pelo y me dijiste muy bajito al oído “No puedo aguantarlo más…”, me puse muy nerviosa, ¿qué demonios pasaba aquí?


Pero de pronto, todo se calmó. Tus labios y los míos se fundieron en un profundo y tierno beso que cambió nuestras vidas para siempre…

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