Era un día soleado,
llevabas la camiseta de tu equipo, unos pantalones cortos y tus deportivas
Nike, tu pelo como siempre, con esos dos remolinos atrás que me encantaban. Yo
llevaba mi camiseta favorita, unos vaqueros y mis Vans, bueno y mi pelo… como
siempre, algo alborotado.
El día anterior me
había hecho una lesión en la rodilla jugando al voley, fuiste el primero en
enterarte. Te mostraste muy atento mandándome mensajes mientras estaba en
urgencias. De pronto escribiste “Te quiero mucho mi amor, cuídate“, no me lo
creí, pues me habían gastado una broma parecida antes. Resultó ser tu amigo, no
le di importancia, luego continuaste tú, hablando como siempre, como los buenos
amigos que éramos.
Legué a mi casa con
venda y muletas, había sido una lesión un poco grave, pero se solucionaría sin
operación. Antes de acostarme me conecté por última vez, había un mensaje tuyo
“Que duermas bien ;)”, no era muy romántico pero me gustó.
Al despertar había
otro mensaje “Buenos días angelito, espero verte hoy”, era algo extraño, nunca
habías hecho eso. Me vestí y fui al colegio con mis accesorios de lesionada, estabas
esperándome, dejaste que mis amigas e abalanzaran sobre mí a preguntar, ayudar
y abrazarme (las típicas cosas que suelen hacer cuando pasa algo). Cuando se
alejaron para dejarme respirar te acercaste tú, acto seguido le quitaste mis
cosas a una de mis amigas y preferiste cogerlas tú como todo un caballero. Nunca
te habías comportado así.
Llegamos a clase
dejaste mis cosas junto a las tuyas y me ofreciste un asiento al lado tuyo,
pasaba algo, y no sabía bien que era, ¿era cosa de amigos o algo más?, de todas
formas preferí no pensar en ello.
Salimos al recreo,
también estuviste conmigo, yo hablaba con mis amigos, uno de ellos era el que supuestamente
dijo aquello, él dijo que habías sido tú, que él no estuvo contigo, sonreíste y
lo negaste, tus mejillas enrojecieron un poco, pero supiste disimular. Lo que
estaba pasando ya era demasiado extraño. Sonó el timbre, tenía que subir en
ascensor y, o casualidad, mis amigas se pusieron de acuerdo para no acompañarme
ninguna, así que te subiste tú. Se cerraron las puertas y, todo pasó tan
rápido…
Me cogiste de la
cintura con una mano, con la otra apartaste mi pelo y me dijiste muy bajito al
oído “No puedo aguantarlo más…”, me puse muy nerviosa, ¿qué demonios pasaba
aquí?
Pero de pronto,
todo se calmó. Tus labios y los míos se fundieron en un profundo y tierno beso
que cambió nuestras vidas para siempre…